
Existe un acuerdo en que la “innovación” es el elemento clave que explica la competitividad. Hay diversos autores que así lo afirman. Por ejemplo Porter se muestra muy rotundo: “La competitividad de una nación depende de la capacidad de su industria para innovar y mejorar. Las empresas consiguen ventajas competitivas mediante innovaciones”. También François Chesnais lo manifiesta “… la actividad innovadora constituye efectivamente, con el capital humano (es decir, el trabajo cualificado), uno de los principales factores que determinan las ventajas comparativas de las economías industriales avanzadas”.
Cuando un producto innovador alcanza el éxito, esto hace que la competitividad del mismo y de la empresa crezcan. La competitividad puede venir por tres parámetros: por precio, por servicio o por calidad.

El predominio de uno u otro factor va a depender del sector en el que se mueva la organización. Existen sectores en el que predomina la calidad, en otros el servicio o la red comercial más amplia, la publicidad, etc., pero la clave para entender el éxito radica en entender qué ha hecho posible que estos productos sean más competitivos, cómo se han gestado estos productos. La respuesta está en la innovación.
Las empresas con productos más competitivos son aquellas que van realizando evoluciones a sus productos, y adopta nuevos procesos de fabricación. Esto no es una moda, es la opción que se debe adoptar si la empresa quiere sobrevivir, puesto que en caso contrario nuestros competidores conseguirán un grado de competitividad mayor que el nuestro y nos sacará del mercado. Además este proceso es un proceso “diario”, en el sentido que los productos tienen cada vez “ciclos de vida” más cortos por lo que si no se innova podemos quedar fuera del mercado de forma muy rápida.
Esos recortes de los ciclos de vida vienen marcados por tres parámetros, que implican una mayor flexibilidad de los procesos productivos:
El progreso técnico.- Pueden aparecer productos sustitutivos con mayores prestaciones, con nuevas tecnologías o que mejoren las existentes.
La globalización.- El internacionalización de la economía, con una gran competencia que se agudiza y no sólo por “países vecinos”, sino por otros emergentes, como India o China.
La personalización.- Cada vez se tiende a fabricar productos más personalizados, alejados de la estandarización, hechos a medida y dirigidos a un público o sector específico.
Una vez que la organización es consciente de la importancia de la innovación como fuente para mantener y aumentar la ventaja competitiva, deberá plantearse cómo implantarla en su organización. Para ello, la mejor opción es seguir un proceso en cinco fases:
Vigilar
Orientarse
Capacitarse
Implantar
Aprender

Vigilar consiste en la exploración del entorno, tanto a nivel externo como interno, en busca de señales sobre amenazas u oportunidades potenciales del mercado que puedan tener importancia o repercusión para la empresa.
Por tanto, es muy importante, para poder desarrollar esta fase el intentar predecir lo que ocurrirá, y para aumentar las posibilidades de éxito, deberemos vigilar la información del entorno. Esta vigilancia deberá basarse, dependiendo del sector, en la evolución del mercado, la evaluación tecnológica, las acciones de la competencia, las expectativas del cliente y el entorno socioeconómico y legal.
Con toda la información obtenida deberemos filtrarla para obtener la información útil a nuestra organización y alimentar nuestro proceso creativo para la generación de ideas.
Seleccionamos las ideas que nos aporten más valor a nuestra organización y con ello realizamos proyectos de innovación. Fruto de estos proyectos de innovación obtendremos nuevos productos o procesos mejorados.
Michael Porter distingue cuatro tipos de vigilancia:
Vigilancia del entorno.- Detectando señales del exterior que puedan condicionar el futuro.
Vigilancia tecnológica.- Ocupándose de las tecnologías disponibles o nuevos desarrollos y evaluando las posibilidades de utilización.
Vigilancia comercial.- Estudiando los datos referentes a clientes y proveedores.
Vigilancia competitiva.- Centrada en la información sobre los competidores actuales y potenciales, así como sus movimientos en el mercado
Consiste en seleccionar de la respuesta estratégica las líneas de actuación que permitan obtener la mayor ventaja competitiva respecto al resto de empresas del sector.
Una vez elegida la respuesta estratégica, se deberán asignar los recursos necesarios para su desarrollo, para ponerlos en la práctica.
Estos recursos, a parte de los humanos, incluyen los conocimientos y los tecnológicos, que bien se pueden desarrollar mediante la innovación o bien se pueden adquirir mediante la transferencia de tecnología (véase apartado de propiedad industrial e intelectual).
Partiendo de la idea seleccionada y siguiendo el proceso de desarrollo de la misma, deberemos ser capaces llegar al lanzamiento final como un nuevo producto o servicio en el mercado.
Esta fase es el núcleo de la innovación y deberemos controlarlo para que el proceso sea lo más eficiente y eficaz posible.
Debemos reflexionar sobre cómo fue todo el proceso analizando los elementos previos y revisando las experiencias de éxitos o fracasos, para poder captar conocimiento de cada una de estas experiencias y con ello conseguir la aportación de nuevas soluciones o nuevas ideas que puedan mejorar o crear nuevos productos o servicios.
Al final, y como cierre del ciclo lo que buscamos es la mejora continua, que consigamos que el proceso de innovación avance de forma gradual y constante, incluyendo a toda la empresa y buscando nuevas formas de proceder, para solucionar problemas o para mejorar nuestra competitividad.