
La I+D+i (investigación, desarrollo e innovación) es uno de los temas que más interés está despertando en todos los ámbitos de actuación, desde la literatura hasta en el mundo político. Esto viene marcado, no como cabría esperar por una moda (o una moda pasajera) sino porque es evidente que la I+D+i es una variable estratégica para todo tipo de organizaciones, y es determinante para la obtención de ventajas competitivas dentro del entorno sumamente complejo, turbulento, competitivo e inestable que caracteriza la situación actual.
Dentro del acrónimo I+D+i entran diversos tipos de conceptos, con diversas definiciones e implicaciones incluso desde el punto de vista financiero.
La investigación y el desarrollo experimental (I+D) comprenden el trabajo creativo llevado a cabo de forma sistemática para incrementar el volumen de conocimientos, incluido el conocimiento del hombre, la cultura y la sociedad, y el uso de esos conocimientos para crear nuevas aplicaciones.
El término I+D engloba tres actividades: investigación básica, investigación aplicada y desarrollo experimental. La investigación básica consiste en trabajos experimentales o teóricos que se emprenden principalmente para obtener nuevos conocimientos acerca de los fundamentos de los fenómenos y hechos observables, sin pensar en darles ninguna aplicación o utilización determinada. La investigación aplicada consiste también en trabajos originales realizados para adquirir nuevos conocimientos; sin embargo, está dirigida fundamentalmente hacia un objetivo práctico específico. El desarrollo experimental consiste en trabajos sistemáticos que aprovechan los conocimientos existentes obtenidos de la investigación y/o la experiencia práctica, y está dirigido a la producción de nuevos materiales, productos o dispositivos; a la puesta en marcha de nuevos procesos, sistemas y servicios, o a la mejora sustancial de los ya existentes. La I+D engloba tanto la I+D formal realizada en los departamentos de I+D así como la I+D informal u ocasional realizada en otros departamentos.
Podemos decir que innovar es la transformación de ideas en procesos, productos o servicios de forma que logremos su puesta en valor en el mercado. Podemos decir que innovación es sinónimo de cambio.
Por lo tanto, el proceso de innovación es susceptible de ser realizado en cualquier organización, independiente de su dimensión o actividad.
No obstante y por simplicidad denominaremos al conjunto de factores de la I+D+i con un acrónimo común innovación. Esto no quiere decir que nos olvidemos de la investigación y el desarrollo, sino que el conjunto de los tres elementos los englobamos en el último concepto.
La innovación es uno de los principales factores de la transformación económica y social que están experimentando las organizaciones. La innovación es considerada hoy en día como uno de los factores básicos de desarrollo en los países avanzados. La innovación sólo consiste en la incorporación de tecnología, sino que ha de ir más allá, ayudando a prever las necesidades de los mercados y a la detección de nuevos productos, procesos y servicios de más calidad, de forma que la competitividad de las empresas se vea fortalecida frente a las nuevas estructuras de mercados globalizados.
Estas estructuras, productos, en fin, cambios son el punto de partida que con el objetivo de conseguir una mayor productividad, utilizan la innovación para realizar este cambio radical, aspirando a liderar la innovación. Este cambio nos hace establecer unos factores críticos de éxito: la tecnología, el conocimiento, la formación y el capital intelectual, pasando de un modelo económico basado en la mano de obra y en el capital a un modelo basado en el conocimiento.
La innovación es intrínseca al ser humano: somos creadores y nos gusta experimentar. Lo que ocurre es que la mayor parte de las veces no somos conscientes de esta innovación y pasa desapercibida, perdiendo la oportunidad de diferenciación frente a la competencia o haciendo de nuestra mejora un cambio que nos mejore en el visión del mercado.